Un recetario que se escribe desde la cocina de todos los días
Qué nos mueve y cómo pensamos cada ficha
Un Minuto arrancó como una libreta compartida entre personas que cocinan en los bordes del día: antes de salir, al volver de un turno, entre dos llamadas. No buscábamos recetas de revista ni platos para lucirse en una cena. Buscábamos resolver la comida real, esa que se hace con lo que hay en la heladera y en el tiempo que queda libre.
Por eso cada ficha está armada para consultarse rápido, con la olla ya al fuego. Los tiempos van destacados porque son los reales, no los ideales. Los pasos son breves y las sustituciones aparecen al lado, por si falta un ingrediente o hay que cambiar algo por lo que quedó en la alacena. La idea es volver a cocinar, no quedarse leyendo.
La estética también responde a eso: fondos crema, verde oliva y naranja suave, fotografía cenital de platos comunes sobre mesadas de casa. Sin pretensiones gourmet, sin utensilios caros, sin pasos que nadie va a hacer un martes a las once de la noche.
- Fichas pensadas para consultar con las manos ocupadas
- Tiempos reales, medidos en cocinas de verdad
- Sustituciones por lo que ya hay en casa
- Notas de conservación para lo que sobra
- Cocina casera, sin equipamiento especial