Elegimos el plato y el momento del día
Arrancamos por la situación, no por la receta. Un almuerzo para llevar a la facultad no se piensa igual que una cena después de un turno largo. Definimos para quién es, cuánto tiempo real hay disponible y qué se puede ensuciar. De ahí sale un borrador con dos o tres ingredientes principales y una idea clara de qué se come al final.