El origen
Un Minuto empezó como cuaderno de cocina entre reuniones, clases y turnos que se estiraban hasta la noche. Anotábamos lo que se podía resolver con lo que había en la heladera y en la mesada, sin comprar nada especial ni encender el horno. Esas notas sueltas se volvieron fichas ordenadas: tiempos reales, pasos cortos y una idea clara de qué hacer cuando quedan quince minutos antes de comer.
Para quién cocinamos
Escribimos para estudiantes que comparten cocina, para quien trabaja por turnos y para cualquiera que llegue a casa sin ganas de pensar un menú. No hace falta tener utensilios caros ni una despensa perfecta. La mayoría de las recetas se apoyan en una sartén, una olla y una tabla, y en ingredientes que se consiguen en cualquier almacén del barrio.
Cómo pensamos cada receta
Antes de publicar una ficha la cocinamos en una cocina común, con el tiempo cronometrado y los ingredientes pesados a ojo. Si un paso pide demasiada atención o ensucia tres recipientes, lo cambiamos. También anotamos qué se puede sustituir por lo que ya hay en casa y cómo guardar lo que sobra para que aguante en la heladera uno o dos días más.
Qué buscamos dejar
La idea no es cocinar mejor que nadie, sino dejar de saltearse comidas por falta de tiempo. Cuando alguien arma su semana en veinte minutos y resuelve la cena con un revuelto, un wrap o un bowl de legumbres, el proyecto cumple su función. Ese es el efecto que perseguimos: cocina casera, simple y repetible, incluso en los días más apurados.